Subrayando a Terzani

Tiziano Terzani fue un periodista italiano, nacido en el 38, que recorrió junto a su familia gran parte de Asia en momentos clave para la zona, como corresponsal del alemán Der Spiegel. Nacido en un suburbio de Florencia, estudió Derecho, aprendió chino en EEUU, y al final logró dedicarse al periodismo, que para él no era un trabajo sino una diversión, y recorrer Singapur, Hong Kong, Tokio, Pekín y Nueva Delhi, entre otras.

A punto de cascarla, el abuelo Terzani llama a su hijo Folco a consultas en el pueblo italiano al que se ha retirado. Le dice que está preparado para morir, y que quiere hablar con él de un montón de cosas de su vida, para que se queden en un libro a modo de testimonio vital.

Los libros están para subrayarlos, y el lápiz sirve muy bien de marcapáginas. Leer “El fin es mi principio” ha significado darle tralla al lápiz, y subrayar a veces frases, a veces párrafos. Va aquí un extracto de las citas y referencias que me han hecho tilín, un resumen del libro de aquella manera, la punta del iceberg.

== Periodismo ==

¿Quien te enseña a ser periodista?

TIZIANO: Si no comprendes la historia, no comprendes la actualidad. Si escribes sobre sucesos actuales, cuenta mentiras, cuentas lo que ves a través del microscopio, cuando lo que hace falta es un telescopio. La formación de un periodista no es nada fácil, y por eso estoy en contra de todas las facultades de periodismo. Hacen lo contrario de lo que yo digo, porque te enseñan las técnicas, te enseñan cómo empezar un artículo, cómo terminarlo bien, cómo enviarlo deprisa. Pero lo que se necesita es una preparación ecléctica, y eso debes hacerlo tú solo adquiriendo una cultura basada en la historia, en la economía, y eso no se aprende en la facultad de periodismo. Es absurdo ir, es como asistir a una escuela de poesía. ¿Qué aprendes?  ¿Quien te enseña a ser poeta?

[..]

Desde el principio aprendí que a través de un pequeño episodio cuentas una gran historia, porque la historia contada a través de una experiencia personal, a través de la pequeña anécdota de la vida de un hombre, de un pueblo, puede explicar mucho más que si escribes: “Ayer, seis mil muertos…” Seis mil muertos no los ve nadie, pero un muerto que tiene familia, que tiene hijos, eso impresiona. Yo quería contar a los demás lo que los demás no ven, no sienten, aquello cuyo olor no perciben. Lo ves en televisión: ni siquiera los muertos te impresionan, ni siquiera la sangre, rojísima, parece verdadera. Pero si hablas de lo mismo incluyendo tu participación, porque tú lo has visto, entonces es otro cantar. Eso cambia mucho las cosas, porque transmites una emoción tuya al lector.

Aprender a diferenciar las mentiras

FOLCO: ¿Los norteamericanos os contaban mentiras?

TIZIANO: Nos contaban unas mentiras descomunales. Durante la guerra en Camboya, debía de ser en 1973 o 1974, quisieron convencer a la prensa occidental de que los tres famosos líderes de la resistencia camboyana, tres intelectuales llamados Khieu Samphan, Hou Yuon y Hu Nim, además de un cuarto conocido con el nombre de Saloth Sar y que luego resultó que era Pol Pot, eran en realidad lo que ellos llamaban the ghosts, fantasmas inexistentes, figuras ficticias que no dirigían ninguna resistencia. Según ellos Khieu Samphan no existía, era el nombre de un personaje que iba cambiando. Ellos lo mataban y otro tomaba ese nombre. Eso se decía también del coreano Kim Il Sung, ¿no? Se afirmaba que el Kim Il Sung que hemos conocido no era en realidad Kim Il Sung. Sí, hubo alguien que se llamaba Kim Il Sung, un héroe, al que matan; otro ocupa su puesto, se llama Kim Il Sung y muere; otro más se convierte también en Kim Il Sung y ese Kim Il Sung llega a ser presidente de la República Popular de Corea del Norte. [..] Al final no nos creíamos las historias que no eran patrañas, como las masacres. Nos decían que los jemeres rojos entraban en un pueblo controlado por los gubernamentales y cortaban todas las casas a la misma altura. Tú piensas: “¡No es posible que corten las casas para que sean todas iguales! No, no es posible. Es mentira.” Y resulta que no, que eso era verdad.

¡Pero cómo que John!

TIZIANO: Los peores periodistas son los que están en el Pentágono, en el Ministerio de Asuntos Exteriores, dispuestos en todo momento a tomar café. Cuando anuncian: ¡Rueda de prensa!, acuden corriendo. Llega Bush, o Rumsfeld, y dice “A ver, John, ¿tú que quieres saber?” ¡¿Pero cómo que John?!

FOLCO: O sea, que habría que desconfiar del poder

TIZIANO: Eso es el oficio.

== Enseñanzas de la vida ==

¿De qué color es el dolor?

FOLCO: Sé que, cuando te entra el dolor, debe de ser difícilismo librarte de él. [..] A uno de mis sadhu preferidos, uno que está loco de remate pero es divertidísimo, realmente un espíritu libre, uno de esos que andan por las montañas descalzos, que no tiene zapatos, no tiene dinero, no tiene proyectos, a ése le pregunté: “Pero allí arriba, en la nieve, ¿no tienes frío?”. Y él contestó: “No hace frío. Hace ta-ta-ta-ta-ta”. [..]

TIZIANO: Debes preguntarte cómo es el dolor. Ese amigo tuyo dice que hace ta-ta-ta. Debes preguntarte si es cuadrado o redondo, si hace ruido, si late o no. Si tiene un color, ¿qué color es? Así te distraes un poco. Pero si el dolor es fuerte, llega un momento en que ya no lo consigues

FOLCO: Y los que son sometidos a torturas y no hablan, ¿cómo se las arreglan?

TIZIANO: Si empiezas a gritar, estás perdido. Tienes que distanciarte de verdad de todo lo que te está pasando.

Si alguien te intimida, imagínatelo cagando

FOLCO: Recuerdo que siempre me has dicho: si alguien te intimida, imagínatelo…

TIZIANO: … cagando, sí. No te dejes intimidar nunca por nadie. Cuando te encuentres ante esos que gastan tanta prosopopeya, esos que interpretan el papel de general, tú piensa que por la mañana van al retrete igual que los demás.

Sonríe cuando te apunten con un fusil

TIZIANO: La caída de Phnom Penh fue muy dramática y todos nos dimos cuenta enseguida de que sucedían cosas terribles. [..]

De repente, llegaron los primeros jemeres rojos. [..] Yo no sentí miedo. Dije “Soy periodista”, y me fui tranquilamente a hacer fotos. Hasta que llegó una patrulla de chavales jovencísimos. [..] Me vieron desde el otro extremo de la calle y empezaron a gritar: “Ameriki, Ameriki, Ameriki, ¡CIA, CIA!” Y me capturaron. [..] Hubo un momento en que tuve la impresión de que iban a fusilarme. Me hicieron poner de pie contra aquella pared mientras gritaban “¡CIA, CIA, ameriki!”. Y entonces, poniendo en práctica esa gran lección que te he enseñado, según la cual, si alguien te apunta a la cara con un fusil, debes sobreír, me eché a reír, saqué mi pasaporte italiano, que entonces era verde y que siempre llevaba en el bolsillo, y empecé, quién sabe por qué, a gritar en chino: “¡No, soy italiano! ¡Soy un periodista italiano, italiano!”.

Y de nuevo la suerte estuvo de mi lado. [..] Salió un chino y se acercó a mí. Le expliqué en chino que no era norteamericano, que era italiano y estaba allí para ser testigo de la “gran victoria de los jemeres” que reconquistaban su país. Él se lo tradujo a aquellos cebollinos y uno de ellos decidió que, efectivamente, materme era una decisión grave y que debían esperar que llegara un jefe. [..] Pasaron las horas hasta que llegó un grupo de mandos. No eran chavales, eran comandantes de los jemeres rojos [..] Finalmente, uno que era bizco se dirigió a mí en francés…, ¡en francés!…, y dijo: “Vous êtes le bienvenu dans le Cambodge libéré!”

La suerte cambia

TIZIANO: Pero lo que a mí me fascinaba no era tanto entrar en el mundo del juego como el problema de la buena o la mala suerte. Porque tú te sientas a una mesa… y juegas, pierdes, ganas, juegas, pierdes, ganas… Y en un momento dado empiezas a perder terriblemente, terriblemente, y no puedes hacer nada, nada. Doblas la apuesta, pones más dinero, pero es inútil. Los demás te miran como un apestado [..] Y si aguantas, si tienes dinero, de repente, misteriosamente… ¡paf! se vuelven las tornas. Empiezas a ganar de nuevo. Ganas, apuestas y ganas. Y entonces estás tocado por la gracia divina. Todos se sientan a tu lado, te tocan, quieren sentarse a jugar en tu puesto… ¿Comprendes lo que quiero decir? La suerte cambia. Es así y no hay más vueltas que darle. Se trata de resistir hasta que cambia de nuevo.


== Viendo mundo ==

Vietnam

TIZIANO: Esa guerra la cubrí con una gran simpatía por el vietcong, no cabe duda. Pero, por otro lado, cualquiera que tuviese el corazón a la izquierda, me refiero a la izquierda en el sentido natural, ¿cómo podía simpatizar con los americanos? ¿Qué pintaban allí? Allí había un pueblo de desharrapados, con sombreros de paja, con fusiles de pequeño calibre que disparaban contra aquella máquina de muerte infernal. No podías sino odiar a los otros, Folco. Si has visto de cerca un bombardeo sistemático e ininterrumpido de los B-52, como se sucedió a mí algunas veces, y piensas que hay campesinos en los pueblos, o incluso soldados atrincherados en hoyos excavados a mano y cubiertos de troncos de cocotero, no sientes simpatía por los que desde miles de metros de altitud pulsan un botón y sueltan las bombas o, más horroroso todavía, el napalm. Aquellos bombardeos de los B-52 eran espantosos, horribles. Eran la destrucción.

[..]

TIZIANO: Es preciso entender que el comunismo, el marxismo-leninismo, es, en Vietnam más aún que en China, un arma ideológica que los nacionalistas utilizan para combatir por su liberación. Ho Chi Minh se hace comunista en París, cuando comprende que el marismo-leninismo practicado en la Unión Soviética en su período mejor…, lleno de idealismo, inmediatamente después de la revolución…, proporciona una disciplina, una dureza y una estructura ideológica que su país y su movimiento nacionalista necesitan.

Por lo tanto, llamar comunistas a los vietnamitas es un error. Los vietnamitas siempre han sido nacionalistas. Eso es un hecho histórico que muchos de mis colegas no han entendido, porque veían la guerra como una guerra entre comunistas y anticomunistas. No era sólo eso. Era la última gran lucha por la independencia del pueblo vietnamita.

Al Qaeda

TIZIANO: La Historia. ¡Sí, he sentido la Historia! Vi derribar la primera estatua de Lenin en Asia central al grito de “Allah akbar, Allah akbar!” Alá es grande. Y hoy tenemos a Al Qaeda. ¿Ves el vínculo? Sólo los tontos, los miopes y los cretinos no ven el vínculo que hay entre el fin del comunismo como ideología de rebelión de los oprimidos, como te expliqué respecto al comunismo de Mao y Ho Chi Minh, y el islam fundamentalista de hoy. Si no se entiende eso no se entiende nada.

FOLCO: Quieres decir que el islam fundamentalista es el nuevo…

TIZIANO: Ha ocupado el puesto del marxismo-leninismo. Antes, quien quería combatir por un mundo distinto o, a su manera, por un mundo mejor, contra el capitalismo occidental, recurría al marxismo-leninismo porque era el arma de la época. [..] El marxismo-leninismo fue el arma del momento de muchos movimientos nacionalistas e independentistas de Asia. Era el arma ideológica que daba disciplina, que daba una estructura de referencia. Cuando esa arma quedó anticuada, surgió una nueva. Si no entiendes eso, no entiendes nada, no entiendes Al Qaeda.

La lógica asesina de los jemeres rojos

TIZIANO: Lo que sucedío en Camboya fue aún más espantoso. Accedieron al poder los jemeres rojos, los que me habían capturado. Ellos querían hacer otra sociedad, una sociedad de iguales. Querían crear un hombre nuevo. Hay que comprender su horror, pero hay que comprender también lo que había detrás del horror. Pol Pot, que es nacionalista, que ha estudiado el marxismo en París, sabe que para dar poder al proletariado es preciso destruir a la burguesía. Y no basta con hacer lo que hacían los intelectuales franceses, que se limitaban a decir en los cafés de París: “Ah, il faut détruire la bourgeoisie!” ¡No, a la burguesía hay que destruirla de verdad!

Quiero decir que, a su manera, descubre cosas lógicas, justas. Descubre que las ciudades son la perversión del campesino jemer. ¿Qué hace en las ciudades ese campesino, que debe sembrar arroz en los arrozales milenarios? [..] Ese no es el hombre jemer, es un simplón degradado por la Historia [..] Entonces, cuando accede al poder, ¿qué hace Pol Pot? Cierra el país herméticamente, no deja entrar ni salir a nadie, impide toda influencia y se pone a liquidar las ciudades. Las destruye. Cientos de miles murieron. [..] Tenía relación con esa idea de la que te decía que estaba muy extendida en el mundo: al igual que puedes provocar una reacción química, con una operación de ingeniería social puedes provocar una reacción en la materia social. ¿Y qué mejor objetivo puede tener la ingeniería social que construir una nueva sociedad, crear un hombre nuevo? Un hombre nuevo que no tenga memoria, que no tenga puntos de referencia en la cultura burguesa, antisocialista y deshumanizada del pasado. Los jemeres rojos querían eliminar a todos los que venían de las ciudades. ¿Tú has estudiado? ¡Fuera! ¿Llevas gafas? ¡Fuera! Los ponían a todos en fila y los hacían trepar a lo alto de un cocotero. Si eras capaz de llegar a la cima, quería decir que eras un campesino; si no, que eras de ciudad, un empleado de correos, un comerciante del mercado que compra a diez y vende a once. Entonces te mataban a fin de eliminar de la sociedad el germen de lo viejo. Por la misma razón, destruían las bibliotecas budistas y mataban a los bonzos. Para hacer el hombre nuevo, había que matar a los viejos.

Un proyecto sacrílego pero fascinante. Mira, cuando te dicen que esos dictadores están locos, hay que ser consciente de que en ningún caso es cierto. Hitler no estaba loco. Mao no estaba loco. Pol Pot no estaba loco, había una gran lógica en lo que hacía, y es preciso comprenderla si se quiere entender lo que fue aquel fenónemo.

Una vez en el poder, los jemeres rojos hicieron cosas increíbles. Dirigieron un llamamiento a todos los intelectuales camboyanos que se habían marchado al extranjero y se hicieron médicos, dentistas, profesores… aunque sin dejar de ser nacionalistas y pro jemeres rojos cuando se trataba de elegir entre un gobierno fantoche norteamericano y la guerrilla…, para que volvieran y ayudasen a reconstruir el país. Regresaron a centenares. Nada más bajar del avión, se dieron cuenta de que habían caído en una trampa. Los detuvieron y los llevaron, junto con sus familias, a los “arrozales de la muerte”. A todos. Una historia terrible. Terrible. Una mujer sobrevivió y escribió un libro maravilloso sobre esa experiencia de la traición. Habían ido para ayudar al pueblo. Mira, tu país ha sido liberado, ¡volvemos a ser nosotros los dueños! Tu corazón está con tu pueblo y quieres ir a ayudarlo. Eres médico, quieres ejercer de médico. Pero los jemeres rojos no querían médicos. Todos liquidados.

China después de Mao ya no es China

TIZIANO: En 1966 comienza la Revolución Cultural, que quiere destruir el pasado para que pueda nacer una China nueva. Se inician las espantosas destrucciones perpetradas por los guardias rojos, comienza la represión. Bastaba que tuvieras un libro que el partido no aprobaba para que te acusaran de ser un revisionista, un contrarrevolucionario, y te enviaran a hacer el lao gai a los campos de trabajo durante años.

¡Si piensas en todo lo que esos estúpidos jóvenes iconoclastas quemaron, en lo que destruyeron! Cosas increíbles. Entraban en los templos y… ¡madre mía! Entraban en las casas de los poetas, de la gente común, y lo destrozaban todo, su trabajo, las cosas bellas que poseían. La idea de que lo “viejo” era un impedimento para lo “nuevo” se podía justificar desde el punto de vista ideológico; Mao no se equivocaba cuando decía que inmensas riquezas habían ido a parar a los templos, que se derrochaban enormes riquezas en aceite para iluminar a los ídolos y en mantener a los monjes que no trabajaban, mientras el pueblo tenía que dar el callo, pero, ¡joder, es que en China lo “viejo” era precioso! Viajabas y llegabas a un pueblecito de mierda, veías una pagoda cerrada a cal y canto, polvorienta… Tú y yo, camino de las tumbas de los emperadores Qing, una vez abrimos la puerta de una pagoda y nos encontramos delante de un buda de veinte metros de alto, con cuarenta brazos. Entonces te dices: “¡Virgen santa, esto es lo “viejo”, esto es lo que Mao quería destruir porque decía que encadenaba el país a su pasado!” Pero esto “viejo” son las raíces de China; sin esto “viejo”, China dejaría de ser China.

Y de hecho China ya no es China, desde que aquel criminal suprimió las raíces de su antigua cultura. En lugar de hacer un comunismo o un socialismo chino, Mao quiso destruir todo lo que era chino para crear una sociedad completamente nueva. Y eso es espantoso, acabó por destruir China; y la situación actual ya ves cuál es.

== Gandhi decrece ==

La historia del progreso Occidental

TIZIANO: Porque siempre es la misma historia. Siempre son los occidentales quienes van a llamar a la puerta de los otros continentes con la excusa de que tienen elevados principios que ofrecerles: actualmente, la democracia y la libertad; en el siglo XIX, el mercado libre y, antes aún, el cristianismo. En 1853, los norteamericanos van y se presentan ante la costa de Japón con cuatro buques de guerra, las famosas “naves negras” del comodoro Perry, para obligar a los japoneses a abrir sus fronteras a fin de que los norteamericanos puedan venderles sus mercancías. Ésa es una vieja actitud, y es también la razón por la que los portugueses llegaron a Macao: querían abrir las fronteras de China para venderles sus abalorios y robarles las especias y todo lo que les interesaba a ellos. La historia de la expansión de Occidente es siempre ésa. Los barcos de guerra de Perry van a abrir los mercados de Japón con el pretexto de que el mercado libre es útil para todos y de que todos saldrán ganando con él. Lo mismo sucedió en China.

Acabar con la violencia a base de luciérnagas

TIZIANO: En el Himalaya había larvas luminosas. Esas larvas que por la noche emiten una luz verde como la de una farola, ¿sabes cuáles te digo? Son increíbles. ¿No sería bonito contarle a un niño cuentos sobre esa larva? El mundo cobra vida ante él, ¿no? La naturaleza cobra vida, su existencia se enriquece, vive en más dimensiones. ¡Muy distinto a ver la televisión e ir a comer una pizza! De ahí nacen todos los discursos sobre la violencia. La violencia nos la causamos nosotros mismos todos los días. Bastaría con decir: “¡Se acabó!” Sales de noche con el niño y lo llevas a ver las luciérnagas. Y punto.

La locura económica vs la sencillez

TIZIANO: (Nuestra civilización moderna) se ha vuelto loca por la economía. La economía se ha convertido en el criterio principal de todo, no hay otros valores. ¿Por qué producir cada vez más, generar cada vez más desechos? [..] Interesante pregunta, ¿merece esta civilización ser salvada? [..] No me atrevo a decir que no es posible salvarla. Me viene a las mientes el Bhagavad-Gita: tú haz lo que debes hacer; después, si el mundo se salva o no, es algo que no está en tus manos.

[..]

TIZIANO: ¿Es civilización la inglesa, la occidental, que mide el progreso por la cantidad de trajes que tiene la gente, por la velocidad a la que se desplaza?, se pregunta. ¿No le basta al hombre un techo sobre la cabeza, un pedazo de tela alrededor de las caderas? Son unas palabras durísimas. Gandhi quería tomar la vía de las aldeas en lugar de las vías de las fábricas, que reducen al hombre a la condición de esclavo. ¿Por qué destruir los pueblos? Pueblo quiere decir comunidad, quiere decir compartir los recursos.

[..]

TIZIANO: No te puedes imaginar cómo era la imagen de la India de Gandhi, “ese viejo faquir vestido con harapos”, que subía con su bastón la escalinata del poder británico en Londres. ¡En fin, era un figura! Hablaban de él hasta en las revistas del corazón. En cuento muere…¡paf! todo cambia por completo. Todo, absolutamente todo. Quieren desarrollo, trenes, fábricas, acerías. Y luego la bomba atómica. ¡La India con la bomba atómica! ¡La India, que tenía la bomba atómica moral!

== Inventa tu vida ==

Esta vida me la he inventado yo

TIZIANO: Cuando volvimos aquella noche al hotel, recuerdo que hablábamos de los jóvenes de hoy, que están desorientados, no saben qué hacer, no encuentran trabajo, y te dije: “Perdona, pero alguien como tú que sabe pintar, si quiere tomarse algún tiempo para apartarse del mundo, se va a Angkor Wat, aprende a dominar la técnica de la acuarela, pinta los templos y vende sus acuarelas a los turistas de Hong Kong. Ya ha encontrado trabajo.” ¡Tienes que in-ven-tár-te-lo! [..] A mí me parece que lo más bonito que un joven puede hacer es inventarse un trabajo que se adapte a sus aptitudes, a sus aspiraciones, a su alegría, y además sin ese darse por vencido que parece tan necesario para sobrevivir. “Ah, yo no puedo porque…” Todo el mundo puede. ¿Comprendes lo que te digo? ¡Hay que inventárselo! Y es posible, ya lo creo que es posible.

En caso de duda, sube

TIZIANO: Y a mi entender la regla es: cuando te encuentras en un cruce y una calle va hacia arriba y otra hacia abajo, toma la primera, la que va hacia arriba. Es más fácil andar cuesta abajo, pero al final vas a parar a un agujero. En la subida hay esperanza. Es difícil, es otra manera de ver las cosas, es un reto, te mantiene alerta. La otra cosa que repito, y espero que lo comprendas, es que debes de ser consciente de lo que te pasa. No tomártelo a la ligera. Es preciso estar alerta y tomase momentos de soledad, de silencio, de reflexión, de desapego. Y mirar.

Si sabes lo que buscas, nunca encontrarás lo que no buscas

TIZIANO: ¡Siempre fuera de la norma! Ése es el tema del Viejo, de Krishnamurti y de muchos más: “La verdad es una tierra sin senderos”. Caminas, encuentras. No hay nadie que te diga: “Mira, el sendero para llegar a la verdad es ése”. No sería la verdad. Si te quedas en lo conocido, nunca descubrirás nada nuevo. ¿Qué debes hacer? Si viajas por los rieles de lo conocido, te quedas en lo conocido. Y lo mismo sucede cuando buscas. Si sabes lo que buscas, nunca encontrarás lo que no buscas… y que quizás es justo lo que cuenta, ¿no?

1 comentario

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Una respuesta a “Subrayando a Terzani

  1. Gran verdad:
    “Siempre son los occidentales quienes van a llamar a la puerta de los otros continentes con la excusa de que tienen elevados principios que ofrecerles: actualmente, la democracia y la libertad; en el siglo XIX, el mercado libre y, antes aún, el cristianismo.”

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