El dilema del prisionero explicado a los erasmus

En la vida ¿qué es mejor?, ¿cooperar o competir?

Gracias a César (Doval Segundo de Microsoft) que me dejó un libro titulado Prisoner’s Dilemma, aprendí algo sobre la Teoría de Juegos. La historia que cuenta es la biografía de Von Neumann, un matemático que sentó las bases de la arquitectura de computadores. La mayoría de los ordenadores actuales están diseñados siguiendo unas bases arquitectónicas que los informáticos llamamos arquitectura Von Neumann. Este húngaro-estadounidense, uno de los personajes históricos de la Informática, estuvo involucrado en la construcción de la bomba atómica, y durante la Guerra Fría ideó el concepto de “ Destrucción Mutua Asegurada“, que reza así: “como a alguna potencia se le ocurra usar su armamento nuclear, os digo yo que nos vamos todos a tomar por culo“.

El dilema del prisionero

Detienen a dos sospechosos (uno eres tú). No hay pruebas suficientes para condenaros. La policía os separa y os ofrece el mismo trato: Si tú confiesas y tu cómplice no, sales libre y a él le caen 10 años. Si tu callas y el confiesa, te caen 10 años y él sale libre. Si los dos calláis, no tenemos pruebas y os caerán 6 meses (bonito estado de derecho, este). Si los dos confesáis, 6 años para cada uno.

¿Qué harías? Para entender mejor el trato, la Wikipedia ofrece este cuadro de recompensas:

Tú lo niegas Tú confiesas
Él lo niega Ambos son condenados a 6 meses Él es condenado a 10 años; tú sales libre
Él confiesa Él sale libre; tú eres condenado a 10 años Ambos son condenados a 6 años.

¿Confiesas para intentar ser libre y te arriesgas a ser condenado a 6 años si el otro habla? ¿Te callas para que te caigan 6 meses y te arriesgas a que te caigan 10 años? ¿Vas a asegurar lo menos malo, o tomas riesgos para conseguir el mejor resultado?

El dilema del prisionero en su versión erasmus

Cuatro estudiantes compartiendo casa. Sábado por la noche. Los platos sucios rebosan en el fregadero hasta casi caerse fuera. Si tú no friegas y dejas que lo haga el siguiente, no pierdes media hora y llegas a tiempo al botellón, pero el que friegue se va a poner de mal humor y se genera mal rollito en casa. Si te pones a fregar, pierdes media hora, al llegar al botellón estarán todos ya medio mamados, y te pones de mal humor con tus compañeros. Si todos fregáis, en 5 minutos lo tenéis listo, todavía queda calimocho de sobra cuando lleguéis, y el ambiente en casa es de lujo. Si nadie friega, todo el mundo llega a tiempo al bebercio, pero mañana al entrar en la cocina los platos van a seguir allí, y eso será el motivo de un ligero malestar para todos. Si no es la primera vez que ocurre esto, la bronca puede estar al caer, y con la resaca que sabes que vas a arrastrar, tienes claro que no quieres gritos el domingo.

Para hacer el cuadro voy a simplificar con sólo dos personas. Las variables que intervienen son el tiempo perdido en fregar y el número de personas de mal humor al final de la jornada.

Tú friegas Tú no friegas
La otra persona friega
Empleáis 5 minutos entre los dos.
Nadie se enfada
Empleas 0 minutos. La otra persona 30.
No te enfadas. La otra persona se enfada mucho.
La otra persona no friega
Empleas 30 min. La otra persona nada.
Te enfadas mucho. La otra persona nada.
Empleáis 0 minutos.
Os enfadáis un poco los dos.

La mejor opción, pensando únicamente por tí, es no fregar. Ni te enfadas, ni gastas tu tiempo. Esta es la postura individualista, la de competición. Sin embargo la mejor opción “para la comunidad” es colaborar. Para lograr esa colaboración ambos contendientes deben de arriesgarse al peor resultado, pringar media hora refunfuñando si el otro no coopera.

Este “dilema del erasmus” se repite a diario por todo el mundo. Cabe preguntarse, ¿hemos logrado los que vivimos compartiendo piso adivinar que la mejor postura es la colaboración? ¿Acaso ya no hay enfados y malos rollos en casa y se friega en armonía y felicidad? ¡Pero qué dices!

En casa nos pasa algo parecido. Aquí somos seis, y todo el mundo friega, pero nadie seca. Se acumulan los platos, ollas, cubiertos, vasos, unos encima de otros al lado del fregadero, a veces en equilibrios inverosímiles. Y cuando parece que no caben más, se pone un paño al lado y encima se siguen acumulando cacharros. ¿Qué hacer? ¿Lo secas y recoges todo, mentando a los ancestros de tus compañeros de piso? ¿O ideas un equilibrio precario para tu taza de té y el que venga detrás que arree? Si cada uno recogiese lo suyo no habría ningún problema, pero ¿por qué no se hace?

El cuadro que he puesto es mejorable, pero como esto es un pseudo-estudio pseudo-científico de domingo de ocio, habrá que aceptarlo así. Si aceptamos que el cuadro es correcto, nos encontramos en un callejón sin salida. ¿Por qué nos empeñamos en hacer lo que menos nos conviene?

Para entender lo que pasa, hace falta un poco de “thinking outisde the box” (¿esto como se traduce?). No todas las recompensas están contempladas en el cuadro. Cada uno, de hecho, tenemos un cuadro de recompensas distinto. A quienes estamos acostumbrados a fregar, secar y recoger (ya mamá, ya sé que lo podría haber puesto en práctica en casa) nos molesta más que no colabore nadie y estamos más inclinados a la cooperación. Para quien es una molestia colaborar, no hay recompensa en hacerlo, sino enfado, y lo evitarán mientras puedan. Hay también para quien no es molestia ver los platos acumulados, así que no se enfada nunca.

Al final, si no le suponemos maldad al personal, lo que pasa es que cada uno ve las cosas de una manera distinta. Tanto para fregar platos como para tantas otras cosas en la vida. ¿Es mejor competir? ¿Es mejor cooperar?

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2 comentarios

Archivado bajo MePicaEnFlandes

2 Respuestas a “El dilema del prisionero explicado a los erasmus

  1. Que guay. Últimamente este tipo de post se dan como hongos 😛

  2. Vanessa (Testigo)

    Añado una consecuencia más a todo esto, con esta práctica temeraria nos arriesgamos a quedarnos sin vajilla ya que en algunos casos están al borde del suicidio. Y eso sí que puede enfadar a todos, por lo menos un poquito.
    ¿Y qué decir de quién se lleva un cacharro a su cuarto y no lo devuelve hasta que has olvidado que eso un día formó parte de la vajilla?

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